Ahorros

El mes de noviembre marca el comienzo oficial de la temporada de calefacción en los centros educativos del territorio español, aunque dependiendo de la zona geográfica y la situación económica puede que dicho comienzo ya se haya adelantado o se retrase hasta más adentrado el invierno.

En primer lugar, con Centros Educativos nos referimos a Escuelas, Colegios e Institutos (públicos, concertados o privados). Vamos a dejar aparte las Escuelas y Facultades Universitarias por ser edificio de otro orden de magnitud y también las academias.

Ahorros

“Imagen cortesía de cooldesign/ FreeDigitalPhotos.net”.

En este tipo de edificios las malas prácticas en cuanto al uso de la calefacción son demasiado habituales y provocan en muchos casos falta de confort en el personal y los alumnos y grandes ineficiencias energéticas. En primer lugar, describiremos un tipo de funcionamiento ampliamente extendido (y, por tanto, no generalizado) de la calefacción de este tipo de centros y en la siguiente entrada vamos a plantear un modo radicalmente distinto de enfocar dicho funcionamiento que redunde en mejoras sustanciales de confort y la eficiencia energética.

Situación actual

Instalaciones de calefacción en Centros Educativos

En cuanto a las instalaciones es imposible generalizar, ya que depende en gran medida de la antigüedad de las mismas. Hasta ahora, lo más habitual era un sala de máquinas con calderas convencionales de gasóleo (las más antiguas) o gas natural (las menos antiguas) de la que parten varios circuitos de caudal fijo dependiendo de los pabellones o edificios que posea el centro. En muchos casos, el estado es tan precario que las tuberías ni siquiera disponen de aislamiento.

Los sistemas de regulación y control en muchos casos son obsoletos, sin registro de datos ni telegestión y toda la información del funcionamiento que se dispone es la que proporcionan los instrumentos de la sala (termómetros y manómetros), los pilotos luminosos del cuadro eléctrico, los contadores de combustible y las facturas, que suelen ser muy elevadas.

No es habitual que exista regulación por zonas (zonificación) de tal modo que se impulsa el fluido caloportador mediante bombeo desde la central de producción para todas las estancias sin discriminación de uso u ocupación y sin mantener ninguna temperatura de referencia. En algunos casos, como mucho, existe un circuito para la cara norte y otro para la cara sur con curvas de calefacción y por tanto, temperaturas de impulsión diferentes.

En los últimos años, los equipos de generación se han ido sustituyendo por otros de mayor eficiencia (calderas de gas natural de condensación o calderas de biomasa) junto con otras inversiones en cerramientos y sistemas de iluminación más eficientes. Pero, desde mi punto de vista, todos estos programas de renovación hacen mucho hincapié en la renovación de los sistemas y muy poco en el cambio de uso y, sobre todo, mentalidad de los usuarios en cuanto a la eficiencia energética. Por poner un ejemplo, de nada vale que me compre un coche híbrido altamente eficiente y de bajo consumo si mi tipo de conducción sigue siendo altamente ineficiente y no varía, dando bruscos acelerones y frenazos. Siempre obtendré un ahorro respecto mi anterior coche ineficiente pero no el óptimo.

El sistema que más inercia al cambio posee es el pensamiento convencional humano.

Human Brain

“Imagen cortesía de ddpavumba/ FreeDigitalPhotos.net”.

O como dijo el genio:

“Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.”

Funcionamiento actual

Este tipo de edificios tiene un uso que depende del calendario escolar, por tanto, es un uso discontinuo y sujeto a un horario preestablecido. Veamos cuál es este uso.

En primer lugar, está la determinación de cuándo es necesario iniciar el servicio de calefacción. Esa es una decisión que no debería depender de factores tan infundados y aleatorios como son una fecha determinada del calendario, la sensación térmica del conserje o del director del centro o de los profesores o las apreturas económicas del centro. Esto es especialmente acusado en períodos estacionales transitorios en primavera y otoño donde la variabilidad térmica es grande alternando días calurosos con otros en los que se pasa frío.

En segundo lugar, está la determinación de cuando hay que encender la calefacción diariamente que tampoco debería depender de los mismos factores subjetivos sino de factores objetivos y refutables solamente con estudios científicos. La tendencia habitual es encender la calefacción un par de horas o tres antes de que el edifico esté ocupado y calentar durante el período de servicio del centro por la sensación de tienen los usuarios que cuando los radiadores están encendidos el edificio está adecuadamente climatizado. Sin embargo, esto origina grandes ineficiencias:

  • Se suele infracalentar el edificio al inicio de la jornada y se suele desperdiciar calor al final del día por las inercias de los edificios.
  • Después de fines de semana y periodos vacacionales la temperatura suele ser muy baja al inicio del día, siendo la sensación térmica muy desagradable. Todos lo hemos sufrido.
  • Algunas estancias se quedan muy frías y otras se sobrecalientan. Es entonces cuando se empiezan a empañar los cristales y los alumnos optan por abrir las ventanas con el consiguiente desperdicio energético y enfermedades de las vías respiratorias.
  • El confort de los alumnos que están cerca del radiador suele ser muy malo. No puedo demostrarlo, pero seguro que si hacemos memoria de nuestra etapa escolar recordamos esa sensación de embotamiento mental que produce la calefacción por radiadores y que repercute en el rendimiento y la frescura mental para la asimilación de conceptos.

La Eficiencia Energética no sólo es ahorro energético, también es mejora de las condiciones de confort y revalorización del edificio.

@effiautomation

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La finalidad de un sistema de calefacción en centros educativos debe ser la adaptación de las condiciones térmicas del edificio que maximicen el bienestar y el rendimiento de sus usuarios: alumnos y profesores.

En la siguiente entrada plantearemos posibles soluciones o propuestas de cambio respecto a las instalaciones y el funcionamiento actual.